Cambio Climático ¿mitigación o adaptación?

  • enero 15, 2018

Vista de la ciudad de Méjico

La Comisión Europea y la Oficina del Pacto de los Alcaldes lanzaron en el verano de 2015 un proceso de consultas auspiciado por el Comité de las Regiones de la Unión Europea a fin de recabar las opiniones de los interesados sobre el futuro del Pacto de los Alcaldes.

La respuesta fue unánime. El 97 % pidió un nuevo objetivo que fuera más allá de 2020 y el 80 % solicitó un objetivo a más largo plazo. Asimismo, la mayoría de los encuestados asumió los objetivos para 2030 de reducir, al menos, un 40 % las emisiones de CO2 y gases de efecto invernadero, y apoyó la integración de estrategias de atenuación del cambio climático y adaptación a este dentro de un marco común.

Pactos para la adaptación

La Comisión Europea lanzó el nuevo Pacto de los Alcaldes para el Clima y la Energía, de carácter conjunto, en una ceremonia celebrada el 15 de octubre de 2015 en la sede del Parlamento Europeo en Bruselas. De forma simbólica, se dio respaldo a los tres pilares de este pacto reforzado: la atenuación, la adaptación y la energía segura, sostenible y asequible. 

La Estrategia de Adaptación a Cambio Climático de la UE, plantea tres objetivos principales, por los que las ciudades están llamadas a realizar un papel relevante en materia de adaptación a cambio climático:

  • Promover la Adaptación en los estados miembros y las ciudades.
  • Fomentar una toma de decisiones informada.
  • Integrar la adaptación en políticas de la UE y sectores vulnerables.

Cuatro amenazas climáticas

La Agencia Europea de Medio Ambiente (EEA) ha reunido datos relevantes para varias ciudades europeas en un libro interactivo de mapas de vulnerabilidad urbana en el portal Climate Adaptation Climate (ADAPT). Los mapas se agrupan en torno a cuatro amenazas climáticas (olas de calor, sequías y escasez de agua, inundaciones e incendios forestales) y la capacidad de respuesta de las ciudades. El mapa muestra cómo diferentes factores (cantidad de áreas verdes urbanas, proporción de personas mayores o recursos financieros), interactúan a nivel de la ciudad y determinan la vulnerabilidad de estas ciudades.

El poder verde

De entre los factores mencionados, las zonas verdes ayudan a regular la temperatura de las ciudades y por tanto a combatir el fenómeno de la isla de calor. Sin embargo no sólo hay que considerar su participación global en la superficie urbana, hay otros aspectos que también desempeñan un papel relevante como su distribución en la ciudad y la presencia o ausencia de suelo verde.

Por ejemplo, Badajoz y Sassari (Italia) tienen una proporción relativamente alta de áreas verdes urbanas, pero estas áreas se agrupan en algunos lugares de la ciudad. Por el contrario, Oporto (Portugal) tiene una baja tasa de zonas urbanas verdes, pero están distribuidas uniformemente por toda la ciudad, lo que permite un fácil acceso a espacios abiertos más fríos.

Vista de la ciudad de Oporto.

Otros factores

La demografía también puede afectar la vulnerabilidad de las ciudades a los impactos climáticos. En general, las personas mayores son más sensibles a los riesgos para la salud que plantean las olas de calor, lo que sugiere que las altas temperaturas pueden requerir una atención específica en las zonas con una mayor proporción de personas mayores.

Por último, los recursos financieros pueden determinan la capacidad de adaptación de las ciudades. Esto se debe a que los costes necesarios para adaptar las ciudades a los efectos del cambio climático son elevados. De esta forma, la falta de financiación ha sido citada por alcaldes, administradores de la ciudad y planificadores como uno de los principales obstáculos al implantar medidas de adaptación.

En la siguiente figura se muestra una captura de las proyecciones climáticas asociadas a sequías y a la escasez de agua.

Fuente: Climate-Adapt

¿Mitigación o adaptación?

El cambio climático es el principal problema ambiental de la actualidad, y las ciudades desempeñan un papel muy importante, como principal causante del efecto invernadero y al mismo tiempo como zonas más vulnerables a los efectos negativos de este cambio.

2018 va a ser un año clave para la adaptación al cambio climático de las ciudades. La necesidad de integrar en la planificación de las políticas sectoriales la adaptación al cambio climático va ser prioritario para establecer la evaluación de impacto y vulnerabilidad.

La gama de efectos del cambio climático incluye desde el aumento de los fenómenos meteorológicos extremos y las inundaciones hasta un clima más caluroso y problemas de salud pública. En cada ciudad, el impacto dependerán de los cambios en el clima (tales como aumento de la temperatura o de la precipitación), que varían de un lugar a otro.

La adaptación al cambio climático es el proceso de preparación para dicho cambio y de ajuste pro-activo al mismo, considerando tanto su impacto negativo como potenciales oportunidades.

Como las ciudades son sistemas dinámicos que se enfrentan a efectos climáticos únicos, la adaptación debe ser un proceso específico del lugar en que se realice, con características apropiadas para el contexto local.

Vista de la periferia de Córdoba tras un episodio de lluvias intensas (Imagen eluniversal.com)

El punto de partida para la gestión de riesgos y el desarrollo de la resiliencia a largo plazo, consiste en que la ciudad conozca el nivel de exposición y sensibilidad ante un conjunto de impactos, de tal manera que elabore políticas de respuesta e inversiones que permitan hacer frente a esas vulnerabilidades.

En la práctica, es posible integrar la reducción del riesgo de desastres y la adaptación al cambio climático, aunque las ciudades deben considerar también los cambios incrementales o graduales experimentados por el clima, que afectan las operaciones gubernamentales o la vida de la comunidad en forma menos inmediata y visible que los desastres convencionales.

Programas personalizados

Los programas de adaptación realizados en ciudades, ofrecen beneficios conjuntos en cuanto a mitigación del cambio climático y desarrollo económico local. Al mismo tiempo, dadas las restricciones de recursos y la existencia de prioridades contrapuestas, cabe la posibilidad de que muchas ciudades solo puedan emprender unas pocas inversiones cuantiosas en adaptación al cambio climático. Esto hace aún más importante el proceso de evaluación y priorización de las potenciales medidas de adaptación.

Las ciudades pueden implementar herramientas para identificar y priorizar las medidas de adaptación propuestas, que sean convenientes de aplicar, así como evaluar su eficacia una vez iniciada la ejecución.

Basándose en esos análisis, las ciudades pueden identificar medidas “de las que no habrá que arrepentirse”, generadoras de beneficios sociales o económicos netos, que no dependen del cambio climático.

Vista del Anillo Verde en la ciudad de Vitoria

En resumen, la adaptación no es un esfuerzo que ocurre una sola vez, sino un ciclo continuo de preparación, respuesta y revisión; un proceso dinámico, que debe revisarse a lo largo del tiempo a la luz de la nueva información que se obtenga.

Los procesos de adaptación más sólidos son los que se basan en los principios de liderazgo, determinación de medir el progreso logrado y evaluar la eficacia. De esta manera se garantiza que los escasos recursos se inviertan en actividades que promuevan genuinamente la adaptación y reporten los máximos beneficios conjuntos posibles, evitando al mismo tiempo consecuencias no deseadas.

Las ciudades que puedan integrar adecuadamente la adaptación, con un amplio espectro de procesos y metas de planificación existentes, incluidas prioridades en materia de reducción de riesgos de desastres, desarrollo sostenible y reducción de la pobreza, serán las que estén en mejores condiciones para prosperar en esta nueva era de cambio climático.

Vista del Visor de Temperatura desarrollado por Green Urban Data para la ciudad de Valencia

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